Jesús, uno de tantos.

Cuando se acerca la fiesta de la Navidad, y contemplamos cuanto amor nos ha tenido Dios para abajarse, para humillarse, para hacerse un simple hombre como tú y como yo, no me queda más remedio que reconocer en primer lugar mi propia miseria, y seguidamente reconocer cuán grande es la miseria de la humanidad, pues después de dos mil años los hombres no hemos sabido reconocer qué la Navidad no es más que una muestra inmensa del amor.

Que Dios renuncie a su condición divina para pasar por un simple mortal, por uno de tantos, que Dios mismo se dejase hacer un feto, y nacer de una mujer, además nacer pobre, vivir como emigrante, pasar sed, hambre y frio, llorar, etc., por amor a todos los hombres, a nosotros los hombres que no sabemos reconocerlo como Dios, a nosotros que renegamos de la cultura y la fe de nuestros padres, a nosotros que día tras día lo traicionamos y negamos, a nosotros que somos incapaces de sufrir por nada ni por nadie, a nosotros que exigimos derechos cuando El se los quito todos; A mostros que señalamos con el dedo a quien no obra según nos dicta nuestra razón cuando somos incapaces de perdonar como el nos perdono, a nosotros que cada día lo negamos, vendemos, insultamos, menospreciamos, etc., cuando él se dejo no solo matar, sino golpear, escupir, insultar, etc., para que descubriéramos lo mucho que nos ama; A nosotros que no sabemos descubrirlo en los que nos rodean, en el pobre, en el emigrante, en el vecino, en ese que no te saludo, en el viejo cascarrabias del séptimo, en el niño que corre por tu calle, en tu propia familia, etc., etc., etc., Por eso aunque en la vida haya momentos de frustración, de tristeza, de soledad, incluso de injusticia, viendo a ese niño podemos tener la certeza de que todo en la vida está escondido en un maravilloso misterio de amor que es el que nos quiere descubrir la fiesta de la Navidad: Que Dios nos ama, que no estamos solos, que la vida tiene sentido, que no somos fruto de la casualidad biológica, ni planetaria, que somos, porque somos amados de Dios. Ojala que en esta fiesta de Navidad que los cristianos celebramos con alegría, y que gracias a nuestra presencia social, celebran a su manera  el resto del mundo, nos permita proponer también con valentía ese otro misterio del amor que es LA CRUZ en la que murió ese mismo niño, del que en estos dias celebramos su nacimiento,  para asi manifestar su amor extremo a todos los hombres.

Por ello, ante semejante misterio yo también hoy grito:

“Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad.

Andrés Marín de Pedro.

Foto tomada de http://deoomnisgloria.blogspot.com/

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Acerca de Andrés Marín de Pedro

POR UNA SOCIEDAD RAZONABLE.No existe nada inmoral que contribuya al bien común, en ese sentido el cristianismo tiene mucho que aportar.
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