El hombre, un corredor de fondo.

El hombre, un corredor de fondo.

 Pensar sobre quien es uno mismo, qué sentido tiene la vida, o para que vivimos, no son precisamente temas que la sociedad de hoy demande, pues anda adormecida con tantas voces, por tantas imágenes,  y por tantos sueños inalcanzables, que no puede mirarse ni tan siquiera un momento; y  por tanto esta incapacitada para reflexionar; Sin embargo para mí, cuando ya han pasado de largo los cuarenta y ocho años, solo se me ocurre reflexionar no sobre lo que nos rodea, como la política, la sociedad, las noticias de actualidad, o las ideologías y religiones, etc., sino fundamentalmente sobre quién soy, sobre quien es el hombre, sobre qué sentido tiene mi vida.

 Hoy durante todo el día me asaltaban estas preguntas, cual joven intranquilo, y aun conociendo como desde Descartes hasta Hegel todos los pensadores y corrientes filosóficas e ideológicas,  han querido dar una solución a esta pregunta, o cuanto menos su visión particular, no me he podido resistir a aportar lo que vivo, lo que siento, y lo que pienso sobre quién soy yo, y qué sentido tiene mi vida.

 Soy fundamentalmente un ansia de plenitud, una querencia de llegar a ser Dios, expresamente un proyecto siempre truncado de eternidad, y esta vivencia tan existencial es fruto de vivir preso en una realidad que se desarrolla en medio de la historia,  que la hace muy accidentada, al tiempo que sometida a una razón cuanto menos en la mayoría de las circunstancia arbitraria, y claramente arrastrada por las pasiones de la sensualidad y los sentimientos.

 Pero vayamos por partes:

 Afirmando que somos ansia de plenitud, quiero decir que todos los hombres deseamos sobre todo ser Dioses de nosotros mismos, de la historia, de lo que nos rodea, de la propia vida, etc.,  ; Esto lo podemos comprobar viendo la querencia de plenitud que todos llevamos dentro,  por ello nos atrae la belleza, la perfección, etc., por ejemplo un hermoso cuadro, una bella mujer, “una música celestial” decimos cuando nos arrebatan los acordes de una canción, pues ansiamos aquel tiempo en el que como Dioses vivíamos en el paraíso terrenal,  del que ciertamente fuimos expulsados, y por ello nuestra debilitada realidad nos hace sucumbir continuamente por las tres causas anteriormente citadas, y que explico a continuación.

 Al quedar fuera de la eternidad y dejar de ser dioses, nos encontramos que vivimos en un mundo que nos hace reconocernos humanos, así cada día nos movemos por afanes humanos, por el dinero, por el poder,  por la comodidad, etc., que de continuo  nos sitúan lejos de nuestra ansia celeste, y nos colocan en esa querencia truncada de Dios.

 También nuestra razón nos limita en ese viaje de retorno al paraíso, en ese viaje hasta lo más alto, hacia la plenitud,  pues a cada instante va dejando en nuestra mente los pensamientos más miserables, como por ejemplo “lo mío es solo mío”, y por tanto el resto de los seres humanos son despreciados, ladeados, ninguneados por nosotros, y no digamos como la razón ha llegado a crear ideologías que para muchos hombres se convierten en verdaderas asesinas, pues les llevan a odiar, e incluso a matar a otros hombres, etc.;  Por tanto el hombre acaba en muchas ocasiones aceptando, y siguiendo los fantasmas de la razón, que solo nos conducen a abandonar nuestra ansia de ser dioses, y perseguir fantasmas terrenos, a morder el polvo de la humanidad.

 Además,  debemos contar con la sensualidad, es decir la necesidad de disfrutar,  y también  con nuestros sentimientos, que nos atan a seres y cosas terrenas, obligándonos a que coloquemos en segundo lugar a otras personas o cosas; De este modo nos arrastran a renunciar a la plenitud para la que somos, y nos quedarnos solo con una parte, con lo natural, o con lo material; En conclusión, para el hombre de hoy un plato de lentejas vale más que una primogenitura, esa que nos pertenece, que es nuestra, y a la que renunciamos cada día, dejando de ir a buscarla por conseguir solo unas migajas.

 También, darnos cuenta de que esta demanda constante de felicidad truncada nos hace corredores de fondo, que buscan sin parar, y en las más diversas direcciones, la felicidad;  y que guiados por la razón, por los sentidos, y por los sentimientos, encontramos finalmente en la mayoría de los casos el fracaso y la desesperación.

 Finalmente, con la vejez nos hacemos conscientes de que corremos tras las cosas terrenas y  los fantasmas de la razón, anhelando una felicidad que jamás ninguna de ellas nos dará;  Por ello constatamos que es necesario mucho valor para vivir cada día, sabiendo que las migajas que encontramos en el mundo, aunque hoy nos parezcan idílicos palacios de vida y placer, jamás nos saciaran; Sino al contrario, pues nos muestran la frustración de la naturaleza humana, y por tanto nos invitan a ser conscientes de que han sido puestas para que descubramos que solo somos y seremos en Dios, y que solo en El está la plena y única felicidad. 

Andrés Marín de Pedro.

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Acerca de Andrés Marín de Pedro

POR UNA SOCIEDAD RAZONABLE.No existe nada inmoral que contribuya al bien común, en ese sentido el cristianismo tiene mucho que aportar.
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