CIEGOS

GRITAR PARA VER.

Cuenta un evangelio que un ciego de nacimiento, un tal Bartimeo, que se encontraba pidiendo limosna a la orilla del camino, al enterarse que un tal Jesús pasaba cerca, comenzó a gritar: “Jesús, hijo de David te piedad de mi”; La gente al oírlo gritar de ese modo le increpaba para que dejase de gritar, pero el continuaba haciéndolo, y cada vez con más fuerza; Poco después Jesús se paro, y le indico a los apóstoles que  lo acercaran; Cuando estaba frente a él le pregunto: “¿Que quieres que haga?”. Contesto Bartimeo: “Que vea”. Jesús le respondió: “Que sea como pides; Tu fe te ha salvado”; Y a partir de entonces Bartimeo siguió a Jesús; Esto es mas o menos lo que narra el relato evangelico.

Aparentemente es una de las muchas historias que cuentan los evangelios sobre los milagros de Jesús, y por lo tanto no deberia tener la menor actualidad en nuestra realidad social, pero voy a intentar demostrarles que  no es así.

 En primer lugar quisiera hacerte ver querido lector, que todos los hombres estamos como aquel Bartimeo: ciegos, sentados en el camino de la vida, y pidiendo limosnas; Y tú me dirás, yo no estoy ciego, menos aun sentado, y por supuesto no pido nada a nadie; Tranquilo, empezaremos poco a poco.

 Afirmo que todo hombre vive esta realidad de ser ciego, estar sentado, y pedir limosna, porque nuestra visión de la realidad es muy parcial, solo vemos una parte de lo que sucede a nuestro alrededor, y aunque nuestros ojos ven personas y actos, nuestra mente y nuestro corazón, no entiende con certeza lo que sucede a nuestro alrededor; Por ejemplo, vemos que nuestro hijo que no estudia, que solo piensa en salir con los amigos, y ciertamente pensamos que es un vago, que este año volverá a repetir, y que no tiene solución; Sin embargo, la realidad puede que sea otra bien distinta, y que en muchos casos no sabemos descifrar: Es posible que el chico no se sienta querido por ti, que piense que nadie le quiere en casa, y por eso no puede centrarse en los estudios, porque se siente despreciado, y por ello sale a la calle buscando alguien que le quiera, y le valore; Además las únicas palabras que recibe en casa son: “Eres un vago”, o “terminaras en la cárcel”; Quizá el no estudiar no sea solo por su culpa, quizás tu tengas también alguna responsabilidad en su actuación; Otro ejemplo: Miramos a un pobre pidiendo y pensamos: “Sera vago el sinvergüenza”; O vemos a una amiga y pensamos: “Seguro que hoy tampoco me devuelve lo que le preste”; No ser conscientes de que prejuzgamos injustamente, es no tener discernimiento, es ser ciego.

 Ser un ciego por tanto, es no saber discernir el porqué cada persona actúa como lo hace, no saber los motivos que llevan a cada ser humano a comportarse de un modo concreto, y diverso; Mejor aun, ser ciego es no ver tu propia realidad, es no ver a nadie como realmente es, sino como prejuzgamos con nuestras cortas luces; En ese sentido todos los humanos somos ciegos, ya que actuamos con prejuicios contra los demás, y vamos golpeándonos y golpeando a los que nos rodean, incluso sin quererlo, como estos padres están haciendo con este joven, y como el joven hace como respuesta a la actitud de sus padres.

 Volvamos al texto del evangelio: lo cierto y verdad es que Bartimeo se sabía ciego, se conocía, se había dado cuenta de que no veía, sabía que no juzgaba bien a las personas, ni a los acontecimientos que le rodeaban.

 Era como tú y como yo, ciegos de nacimiento; Quizá ahora que tu puedas reconocer un poco esto, es que has comenzado a ver; Esto es,  empezar a vislumbrar una salida.

 El segundo dato curioso es que estaba sentado junto al camino; Estaba parado. La ceguera nos deja a todos quietos, tenemos miedo a movernos, a cambiar de posición por si nos golpeamos; Tenemos tantos miedos: a que los amigos hablen mal de nosotros, a que el chico o la chica que amamos no nos quiera, a que nos dejen sin trabajo, a no llegar a fin de mes, a que el perro del vecino nos muerda, a que nuestro hijo se ponga malo, a la gripe, a que nuestra mujer nos deje, a que nuestro hijo se deje los estudios, a invertir, etc., etc., etc., vivimos paralizados por el miedo; Nos da miedo hasta saludar, hasta mirar a los demás a la cara, no sea que se piensen que queremos algo de ellos; Estamos por tanto como el ciego inmóviles. 

Finalmente este ciego que somos tu y yo esta con la mano extendida pidiendo limosna a los que nos rodean; Nosotros pedimos que nos quieran, que nos tengan en cuenta, que nos valoren, que cuenten con nosotros, que hablen bien de nosotros, etc., y vivimos cada día con esas migajas: que una chica nos mire, que un amigo nos diga que nos aprecia, que el jefe nos felicite, que el vecino te proponga ir a una fiesta, que en la empresa te suban 40 euros el sueldo, que te puedas ir siete días de vacaciones, etc., etc., etc., Y así andamos pidiendo alguna migaja que nos permita malvivir, y ya está; Esa es nuestra vida.

 Lo impresionante de este ciego no es que pidiera, no, pues todos vamos pidiendo limosnas; Lo impresionante es que se pone a gritar, y cada vez mas alto para dejar esa vida miserable que acabo de narrar; Bartimeo sabe que es ciego, sabe que está parado en el camino, sabe que subsiste de migajas, y grita porque quiere salir de ahí, grita porque tiene la certeza de que se puede vivir de otro modo, grita porque ha oído hablar de uno que es capaz de curarlo, y grita tan fuerte que molesta a los demás, que les incomoda tanto que le dicen que se calle, como hacemos con todo aquel al que vemos que se acerca a la iglesia; Pero él sabe que su vida depende de que Jesús le oiga, se pare y lo cure; Esa es la clave; Quizás tu y yo ni somos conscientes que estamos ciegos, ni tampoco que llevamos cuarenta años sentados en el borde el camino, ni siquiera que vivimos de migajas; Mas aun pensamos que un poco mas de dinero, una chica o chico, un coche, un mejor trabajo, será la solución a nuestra vida, y así pasan los días, así pasamos la vida, conseguimos alguna migaja, y seguimos ciegos, sentados, y esperando que nos den la siguiente monedita para seguir malviviendo hasta morir; Por eso y solo por eso, no gritamos a uno que si nos escucha, y se para, puede sanarnos, puede darnos las vista; y partir de ese momento ya no necesitaremos migajas, pues veremos a los demás como realmente son, juzgaremos los acontecimiento con la luz del día, podremos caminar sin miedo, podremos acercarnos a los demás sin hacerles daño, podremos trabajar, podremos amar, podremos vivir, y ayudar a los demás que andan ciegos, golpeándose por el mundo.

 Pero: ¿Que es lo que buscas, seguir con las migajas, o ver?; Además: ¿Cuchicheas, o gritas?; Y finalmente: ¿A quién le gritas?

 Solo tú tienes estas respuestas; Pero por lo menos no vuelvas a juzgar a nadie si antes no puedes ver con total claridad que ha llevado a esa persona a ser lo que es, a vivir como vive, y a actuar como actúa.

Andrés Marín de Pedro.

Anuncios

Acerca de Andrés Marín de Pedro

POR UNA SOCIEDAD RAZONABLE.No existe nada inmoral que contribuya al bien común, en ese sentido el cristianismo tiene mucho que aportar.
Esta entrada fue publicada en amor, ceguera, cristianismo, cultura, Dios, esperanza, felicidad, iglesia, libertad, muerte, odio, resurrección, sociedad, sufrimiento, verdad, vida y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s