LIBRE VUELO

 

Foto: “El Paseo” de Marc Chagall.

En la hemeroteca virtual del diario El País he leído recientemente un extenso reportaje, publicado en EPSemanal el 29 de junio. Versa sobre la personalidad de Kiko Argüello, iniciador del Camino neocatecumental -en el que se agrupa alrededor de un millón de personas, según los datos del reportaje- y sobre las características del Camino. Leer una información de este tipo equivale a realizar un curioso ejercicio de inmersión en la mente de un cierto tipo de informador.

Los elementos de la dinámica cotidiana de una comunidad neocatecumenal aparecen en el reportaje como vistos a través de una lente deformante. La tergiversación llega a extremos que causan hilaridad (como en el caso de los bailes en círculo “hasta que sale el sol”). Gran parte de las consideraciones de tipo sociológico, de las descripciones sobre la organización económica o de los juicios de valor sobre la relación entre los miembros del Camino -así como las observaciones de orden teológico- no coinciden con el modo de vida de las personas que pertenecen a una comunidad neocatecumenal. Tengo experiencia de todo ello desde hace ya bastantes años; desde mi época de estudiante he tenido la suerte de vivir la fe cristiana en comunidades de distintos lugares de España y, más tarde, de diferentes países de Europa. Por supuesto, en un grupo numeroso -millón y medio de individuos, afirma EP- puede uno encontrar de todo, como en botica; y eso explica que haya personas con experiencias negativas (me pregunto si es posible erradicar esa posibilidad en un colectivo humano). El reconocimiento de esa falibilidad debe movernos a la humildad y al compromiso de mejorar: muchos lo hacemos mal. Pero de ahí a la deformación de la realidad hay un largo trecho, y ése es el que el informador de EP ha recorrido.

El meollo del asunto -y lo que más me interesa- está en la construcción subjetiva de la realidad. Es evidente que la tarea de un informador entraña un grado de subjetividad que resulta inevitable, y que se demuestra ya en la selección de lo que es o no susceptible de ser trasladado a la opinión pública. Cosa muy distinta es que se construya relatos que quizá pueden guardar cierta coherencia interna, pero que se desarrollan en escenarios paralelos a la realidad. Lo grave reside en que la realidad construida -inventada- desorienta a los que se introducen en ella, propaga prejuicios, levanta muros, desune. Y la concordia social es un bien demasiado precioso como para jugar con él. Por eso resulta necesario el debate social abierto, sobre la base de argumentos objetivos, y la disposición a intercambiarlos a la luz de la razón. Para que los prejuicios no aprisionen el libre vuelo del ser humano. Luz y taquígrafos.

Publicado por Pedro Teruel.

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Acerca de Andrés Marín de Pedro

POR UNA SOCIEDAD RAZONABLE.No existe nada inmoral que contribuya al bien común, en ese sentido el cristianismo tiene mucho que aportar.
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